Se llamó Valencia 2024. Algunos lo llaman Half-Ironman. Es lo menos Half que he hecho en mi vida. Nunca un nombre estuvo tan mal puesto como ese.
Hay Súper Sprints, Sprints, Olímpicos, Ironmanes… Todas las carreras tienen un nombre propio y atractivo, menos esta. Que parece la mitad de otra. No es el doble de la anterior (Olímpico) es la mitad de la siguiente. No te fíes del nombre.
Te haré spoiler…
Nunca lo había pasado tan mal ni tan bien en menos de 6:30 horas que fue lo que tardé en completarla.
El tiempo fue lo de menos… ahora verás porqué.
Si tuviese que resumir ¿Qué es la vida? Quizá contar lo que sucede en estas carreras sería una gran herramienta para explicar la vida entera. La de cualquiera.
Pero… empezaré por el final.
Por la prueba.
Porque todo lo anterior lo resumiré en: 8 meses de entrenar duro. En esa ancha línea que va de entrenar menos de lo que debiera y más de lo que podía.
Y ahora…
¿Qué aprendí aquel domingo en el Ironman 70.3 de Valencia?
Pasé uno de los momentos mentalmente más estresantes y duros que recordaba.
Antes de empezar, estaba tremendamente tranquilo. Mucho más quizá, que mis dos escuderos (Juancho y Javi) que ya sabían mejor que yo, a lo que se enfrentaban.

Lo que aprendí en los 1,9 km de agua
Y saltaron al agua. Y salté.
La calma se esfumó al tercer segundo.
La respiración agitada y entrecortada me hizo ser consciente de que no podría nadar como había entrenado durante 8 meses.
Nunca antes había nadado fuera de una piscina. Craso error.
Empecé a nadar sin meter la cabeza, casi avergonzado pero sin tiempo para avergonzarme. Miré a Juancho, mi salvador aquel día y pensé… tiene que saberlo.
«Juancho, no estoy metiendo la cabeza, no puedo»
¿Por qué?, me preguntó al principio extrañado.
«No puedo respirar»
A partir de ahí trató de tranquilizarme.
Era casi imposible. El miedo había cambiado de rostro y se empezaba a convertir en pánico.
Vi una barca, les dije que no podía, que estaba muy nervioso, y me invitaron a subir.
Ahí habría acabado mi entrenamiento de 8 meses.
En poco más de 3 minutos habría abandonado aquella carrera en la que había invertido, esfuerzo, energía, tiempo y dinero durante mucho tiempo.
Y en 3 minutos, zas.
Habría subido a la barca y habría terminado.
No habría pasado nada.
No hay nada deshonroso en abandonar.
Pero quise intentarlo.
Como dicen mis admirados Rafa y Toni: «Date más oportunidades.
Y me di más oportunidades.
Desde el pánico, pensé: «Gon, inténtalo»
Intentarlo me supuso pasar 15 minutos horrorosos nadando de espaldas cuando todos nadaban a crol sin problema.
Para ti que me lees son 15 minutos. Para mi fueron 2 vidas y media.
Sufrí. Lo pase muy mal. Muy mal.
Pero me repuse.
Pasados unos 600 metros, empecé a nadar a crol.
No estaba tranquilo, pero tenía un ancla que me hacía avanzar. Tenía a Juancho a menos de dos metros.
Y todo el tiempo pensaba… si me pasa algo, si me da un infarto o lo que sea… Juancho me ayuda.
Buscaba a los de la barca y pensaba… Tengo dos anclas. Si me pasa algo, ellos me salvan.
Y sabiendo que no estaba solo, pude seguir.
Sin eso, habría abandonado a los 3 minutos.
Aprendizaje 1:
Todos pasamos por momentos muy duros, muy jodidos. Y estar solo, a veces, convierte lo difícil en imposible. Tener una mano al lado convierte lo difícil, en posible.
Nunca vayas a una competición de nado sin haber nadado fuera de una piscina. Parece lo mismo pero no tiene absolutamente nada que ver. Son deportes distintos.
De los momentos duros, no hay fotos. Esas fotos se llevan dentro.
Cómo véis, el GPS lo pasó casi tan mal como yo. Y como yo, no dio una.

Lo que aprendí en la transición a la bici
Tocado, pero no hundido, acabe los 1,9 km de la natación.
Salí del agua con la ayuda de un voluntario que te ayudaba, en mi caso me levantó como levantaría a un fiambre, no a un deportista. Si aquella mañana no supe entrar, tampoco supe salir.
Pero ya mi orgullo se había vuelto a Madrid, así que poco me importaba.
Si me hubiese mirado al espejo solo habría encontrado el reflejo de un viejo decrepito y mareado. Afortunadamente no había espejos donde mirarse.
Tenía que cambiarme para salir con la bici.
Me senté en el banco, para, con dificultad, tratar de quitarme el neopreno…
y exploté.
Me eché a llorar y a llorar y a llorar. Lloré tanto mientras me cambiaba que no cabe aquí. Así que seguiré escribiendo saltándome tantas lágrimas.
Aprendizaje 2:
Hay que explotar. No como un objetivo. Solo dejarse llevar, hay que dejarse llevar. El cuerpo ya se encarga de liberar todo lo que ha implosionado dentro.
No podía, no debía salir a la bici con el fuego de aquel infierno por el que había pasado y solo las lágrimas podían sofocar aquel incendio.
Lo que aprendí en los 90 km de la bici
Ya quedaban pocas bicis, entre que habíamos salido tarde y que yo había cruzado por el infierno del agua, parecía que ya solo quedaban las bicis de los perdedores.
Pero solo lo parecía…
Porque yo era el mayor de los afortunados, el mejor de los campeones, cuando por fin, pedaleé.
El Sol iluminaba una preciosa mañana que hacía unos minutos olía a pánico.
Y hablé, hablé y hablé… aquellas lágrimas que apagaron el fuego ahora eran palabras que querían verbalizar lo que uno no puede expresar en el agua.
Y Juancho, de nuevo, escuchaba, aconsejaba, acompañaba… y la risa hizo olvidar al llanto y la carretera y los 90 km que nos esperaban, era el escenario más bonito del mundo.
Lo disfruté. Los últimos 10km se me hicieron más duros. Juancho me apretaba para que no bajase el ritmo. Quizá en soledad habría ido más despacio esa fase. Pero quizá… en soledad, nunca habría llegado hasta aquí. Juancho, aquella mañana, se merecía que yo apretase en la entrada a Valencia.
Y así fue. Apreté y llegamos.
Aprendizaje 3:
Aunque te lo diga mil veces, aunque ya lo sepas y aunque lo vuelvas a leer… nunca apreciamos la belleza de las cosas hasta que no tocamos fondo.
El sufrimiento y pasarlo mal, es, muchas veces, el atajo para llegar a valorar la felicidad, la belleza.
Lo pasé tan mal. que ahora estaba inmensamente feliz.


Lo que aprendí en los 21 km de carrera
Mi objetivo no era acabar. Porque había entrenado menos de lo que debería y llegaba a la cita con 4 sesiones express de fisio porque tenía las rodillas con bastante dolor. Me dolía al bajar escaleras o al levantarme de la silla.
Bajo aquel escenario, jamás pensé que llegase a la carrera. Pero allí estaba.
Fue una transición larga, de unos 400 metros donde caminé, me quité la ropa de la bici, me puse las zapas de correr, me tomé un Espidifen 600 y a correr.
Los primeros 10km estaba como una rosa. Y me sorprendió mucho.
Ya empezaban a salir las primeras espinas en forma de dolor de rodilla, pero bastante aguantable.
A partir del kilómetro 15 más o menos, ya sentía pequeños pinchazos en cuádriceps, isquios, gemelos… el corazón estaba perfecto pero las piernas parecían una bomba de relojería. Aquello podía convertirse en un calambre en cualquier momento.
Ya para entonces le pedía a Juancho que me apretase la cinta rotuliana, que me pasase la bebida y comida en los avituallamientos… él era mis manos porque mis pies iban a explotar y un solo movimiento diferente podía hacer que aquellas minas que habitaban mis músculos, explotasen.
A 5km de la meta le dije: «Juancho, cuéntame cosas»
Mi cabeza necesitaba pensar en otras cosas.
Entonces, alguien desde arriba se encargó de evitar a Juancho tener que buscar historias que contarme, porque al minuto de empezar a hablar, apareció una chica preguntándonos que si se nos podía acoplar. Ana se llamaba.
Y a los 3 minutos apareció otro chico preguntando lo mismo.
Así que los últimos 4 km ya éramos 4 los mosqueteros y de alguna manera, todo cambió. Aquella compañía que me salvó en el aprendizaje 1, me estaba salvando de nuevo a pocos kilómetros de la meta.
Y al llegar…
Al cruzar la meta…
No lo vi venir
Pero…
Lloré
Y lloré
Y lloré
Y lloré.
Y me abracé con todos mis amigos.
Y seguí llorando.
Aprendizaje 4:
Lo que imaginamos, pocas veces se parece a la realidad. La mayoría de las veces los miedos superan a la realidad. Y muchas veces, los sueños se quedan cortos.
Quizá temer y soñar son dos pérdidas de tiempo que se curan caminando. Actuar, correr, avanzar, suele ser la mejor de las medicinas.
Y cuando miras atrás, ves que los sueños se quedaron atrás, otra vez se quedaron cortos. Entonces, solo entonces, es que has tocado el horizonte y allí, aparecen sueños nuevos.
Y ahora…
Las imágenes y vídeos del Ironman 70.3 de Valencia 2024
Cómo te dije al principio, empecé por el final.
Como te digo al final, acabaré por el principio.
Este viaje, que empezó en septiembre 2023 en el gimnasio, se materializó el viernes 19 de abril, cuando 6 amigos: Tito, Pablo, Charlie, Javi, Juancho y yo aparcamos en Valencia cargados de ilusión.
Fue un honor compartir la cita con Javi y Juancho, dos auténticos toros y con Tito, Pablo, Charlie que en todo momento estuvieron apoyándonos como si fuesen ellos los que participasen.
Porque de eso se trata la vida. De disfrutar los logros propios y ajenos. Y cuando se trata de amistad, los logros y fracasos ajenos, son también propios.
Millones de gracias a los cinco y millones de gracias a todos los que desde casa, aquellos días, estuvieron apoyándonos desde Madrid, al otro lado de WhatsApp. Tan lejos y tan cerca. Tan jóvenes y ten viejos…
Like a Rolling Stone.






